Las Giraldas

El famoso reducto de la calle Corrientes no fue el único en llamarse así en la Ciudad de Buenos Aires. Hoy, con el entusiasmo de muchas personas que regresan por su clásico Chocolate con churros y otras especialidades, el recuerdo de otros dos establecimientos llamados La Giralda surge en la memoria de muchos vecinos regioplatenses.

Uno fue un pequeño barcito de la calle Salta entre Hipólito Yrigoyen y Alsina. De esos «choricito». En 1981, en la barra había un lindo portarretrato con la foto de dos jóvenes personas que no resultaban conocidas para quienes ingresaban allí por primera vez. Eran Joaquín y Lucía Galán, los hijos del asturiano que hacía ya años había puesto muchas horas de sus ideas gastronómicas y su inversión en ese cálido rincón de Monserrat, en el corazón del centro comercial de los espàñoles en Buenos Aires. Sí, en el pie de la fortografía se podía leer «Pimpinela».

El otro, totalmente diferente en dimensiones, se ubicó en José Evaristo Uriburu y Marcelo T de Alvear, en una de las esquinas universitarias por excelencia de la ciudad. Fue demolido. La Giralda «de los médicos y los dentistas», es la que inspiró a Alejandro Pedrazzi (el primer «Chano» del rock) (1961-2017) a eternizar el bolero ablusado «La Giralda», una de las canciones más maravillosas que se hayan compuesto y que está grabada por la banda El Pato, cuyas copias de grabación aún se encuentran en poder de sus adláteres, Sergio Zaldumbide y Carlos Allo y que -probablemente- se publiquen en Spotify en 2022.

La conocí de mesa a mesa en La Giralda
me habó de un tal Guevara y no sé qué revolución
fingí saberlo todo y no le entendí nada
yo sólo idolatraba a Boca y a Perón

Me «hizo» un submarino y dos tostados
curtió con un charuto y un licor
cayeron sus anteojos y el sweter peruano
prohibidos los cubanos, sonaban los stones

Pasaron ya diez años, no son nada
pasaron la empanada y el camión
crecieron unos rollos, salieron unas canas
y ahora todos hablan de privatización

En una financiera fui a encontrarla
ahora es se secretaria de un buchón
fingió olvidarlo todo, no acordarse de nada…
de mí ni de Guevara…
ni la revolución…
(go home).

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